
Caso de éxito: la certificación IRAM como validación del proceso de profesionalización en Bridar
En la alimentación corporativa, la diferencia entre un proveedor más y una operación profesional no está solo en el resultado final, sino en todo lo que sucede antes. Procesos, controles, auditorías, formación de equipos y capacidad de sostener estándares en el tiempo son los verdaderos factores que determinan la calidad y la confiabilidad del servicio.
La obtención de la certificación IRAM en Buenas Prácticas de Manufactura (BPM) representa para Bridar la validación externa de ese recorrido. No como un hito aislado, sino como la confirmación de un proceso de profesionalización sostenido y consciente.
El punto de partida: asumir que la alimentación es un servicio crítico
Desde el inicio, en Bridar entendimos que la alimentación corporativa no puede gestionarse como una actividad secundaria. Alimentar personas en entornos laborales implica responsabilidad sanitaria, continuidad operativa y una experiencia que impacta directamente en el bienestar y la productividad.
Con esa premisa, el foco estuvo puesto en construir un sistema de trabajo, no solo en resolver la operación diaria. Eso significó invertir tiempo y recursos en procesos, documentación y estructura, aun cuando no siempre es lo visible para el cliente final.
El desafío: pasar de la práctica al sistema
Uno de los grandes desafíos del sector es que muchas buenas prácticas existen, pero no están sistematizadas. Funcionan por experiencia, por conocimiento tácito o por compromiso individual. El problema aparece cuando el crecimiento, la complejidad o la exigencia aumentan.
El camino hacia la certificación IRAM implicó justamente eso: transformar prácticas en procesos formales, auditable y replicables.
Entre los ejes trabajados se destacan:
Formalización de procedimientos operativos
Documentación de procesos productivos y de control
Definición clara de responsabilidades
Estandarización de criterios de higiene y seguridad alimentaria
Capacitación continua de los equipos
Implementación de controles preventivos y correctivos
Nada de esto ocurre de un día para otro. Es el resultado de meses de trabajo interno, revisión constante y toma de decisiones orientadas a largo plazo.
El proceso de auditoría: mirar la operación con lupa
La certificación en Buenas Prácticas de Manufactura otorgada por IRAM implicó un proceso de auditoría exhaustivo, bajo condiciones reales de trabajo.
Las auditorías no solo evalúan resultados, sino también:
Cómo se ejecutan los procesos
Cómo se registran y controlan las operaciones
Cómo se gestiona la trazabilidad
Cómo se capacita y supervisa al equipo
Cómo se identifican y gestionan riesgos
Este proceso permitió validar fortalezas, detectar oportunidades de mejora y reforzar una cultura interna orientada al cumplimiento y la mejora continua.
El rol del equipo: profesionalización puertas adentro
Uno de los aspectos más relevantes de este caso de éxito es el impacto en el equipo. La certificación no se logra solo con documentos, sino con personas que entienden por qué hacen lo que hacen.
El trabajo de capacitación, alineación y formación fue clave para consolidar un estándar común. Cada rol dentro de la operación pasó a estar respaldado por procesos claros, criterios definidos y responsabilidades bien establecidas.
Esto no solo eleva la calidad del servicio, sino que genera mayor orden interno, previsibilidad y autonomía operativa.
El resultado: un estándar validado
La certificación IRAM en Buenas Prácticas de Manufactura valida que Bridar opera bajo un sistema de trabajo profesional, con controles, procesos y criterios alineados a normas reconocidas.
Más allá del alcance puntual de la auditoría, el valor del sello está en lo que confirma: que existe un método, una estructura y una forma de gestionar la alimentación corporativa con responsabilidad.
En Bridar, la certificación valida nuestro sistema de trabajo y los estándares con los que operamos los servicios de alimentación corporativa. Ese es el aprendizaje central de este proceso.
Impacto en clientes y operación
Para las empresas que confían su alimentación a Bridar, este caso de éxito se traduce en beneficios concretos:
Mayor seguridad alimentaria
Menor riesgo sanitario y operativo
Procesos claros y trazables
Continuidad del servicio
Reducción de fricciones internas
Trabajar con un proveedor certificado significa contar con un socio que asume la operación con estándares verificables y auditados.
Un hito que confirma un camino
La certificación IRAM no es un punto de llegada. Es una confirmación de que el camino elegido es el correcto. En un sector históricamente atravesado por la informalidad, apostar por procesos, auditorías y estándares exige convicción.
Este caso de éxito demuestra que profesionalizar la alimentación corporativa es posible cuando hay visión, trabajo sostenido y un equipo alineado. En Bridar seguimos construyendo sobre esa base: sistemas sólidos, mejora continua y responsabilidad operativa.
Porque en la alimentación corporativa, la confianza no se declama. Se construye todos los días, y se valida con hechos.
